martes, 29 de noviembre de 2011

Evolución sintomática de los niños autistas

 Los síntomas empiezan habitualmente antes de los tres años de edad, aunque en el primer año suelen ser poco claras, haciendo difícil el diagnóstico de autismo en esta época de la vida. Por lo que, los primeros síntomas suele ser "insidiosos" y poco claros.
Lo primero que se suele observar es una gran pasividad en el niño, que tiende a permanecer ajeno al medio, poco sensible a las personas y a las cosas que hay a su alrededor. En otras ocasiones, el niño se muestra, por el contrario, muy excitable y llora casi constantemente sin ninguna razón aparente. Los primeros síntomas se acompañan de otras alteraciones como falta de sueño, problemas de alimentación, excitabilidad, miedo...
El síntoma más característico del niño autista es la gran resistencia a los cambios de ambientes y rutinas habituales reaccionando a ellos con fuertes rabietas, tratando de evitar cualquier clase de cambio, junto con el aislamiento, indiferencia hacia las personas.
A partir del año y medio, dos años (edad del desarrollo del lenguaje), con frecuencia, ocurre que el niño se muestra aún más claramente aislado, excitado, encerrado, incomunicado y no desarrolla el lenguaje, o bien adquiere un lenguaje muy perturbado. Las alteraciones y deficiencias del lenguaje se dan en todos los niños autistas, constituyendo uno de los criterios para diagnosticar la enfermedad.
El periodo entre los dieciocho meses y los cuatro o cinco años suele ser la etapa más difícil y alterada de los niños autistas. A las deficiencias del lenguaje, comunicación y acción se añaden nuevos problemas de conducta o se acentúan los que existían previamente. Pueden aparecer autoagresiones. También podemos observar extrañas respuestas a los estímulos del medio.


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